21 de marzo: Día de la poesía

20180321_DiaPoesiaLa poesía no es la forma: estrofa, rima…” Es algo como el aire que respiramos y es el canto que espacia cuanto llevamos dentro. Son palabras que todas las personas repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan” Gabriel Celaya.

La poesía se arraiga en lo más profundo de la vida, en el anhelo por los ideales utópicos. Es a la vez utopía y realidad, porque el poder de la palabra, de la poesía, puede transformar y mejorar una sociedad que se ha dormido en los laureles, que se ha resignado a aceptar la injusticia diaria, la pobreza y el frío de la insolidaridad.

La poesía debería estar presente en la cotidianidad: pintada en los muros de nuestras ciudades, en el interior de los autobuses urbanos, en los paneles publicitarios. Como un recordatorio de la sensibilidad que no debemos perder y que nos permita sacar lo mejor de nuestro interior, como una liturgia de respeto a la vida y la alegría.

Hace unos días recuperamos en las calles de León este sentimiento mientras nos manifestamos a favor de la igualdad de la mujer y en contra del deterioro de las pensiones. Y allí se alzó la poesía:

¿No oís lo mismo que yo?

¿No les escucháis mentir más cada día
de esa primavera que a cada falsedad
más se nos otoña, más nos hiela la vida,
tus sueños,
mis anhelos,
todas las esperanzas nuestras?

¿No contempláis lo mismo que yo?

¿Tal que yo no les veis cómo, histriónicos,
representan en sus cuevas,
¡nuestros palacios!
¡los que hicimos y pagamos!;
la conspiración de sus entremeses,
la comparsa de sus sainetes,
la comedia de su sabida complicidad?,
¿cómo forjan y ejecutan su traición,
la realidad de nuestras tragedias?

¿Seremos incapaces de arrancar
de nuestros cuerpos y gargantas
el intenso frío que nos habita
en este largo invierno,
en este lento morirnos
de engaño y latrocinio?

¿Capaces seremos de no enfermar de rabia?,
¿de no rompernos la voz, el alma, de no gritar: ¡Basta!?
¿Algún día florecerán, ya aún más hastiados nosotros,
acciones de esta contenida cólera?
¿De cada dolor un acto, de cada agravio
la exigencia de la justa reparación?

¿Algún día marcharemos, aun ya troncos secos,
deshojados, a conquistar la primavera?

¿No iremos…
aun solos y juntos, tú, mujer, y, hombre, yo,
y también tú, si es que aún estás vivo;
y tú que lees y tú que escribes y tú que escuchas…
y hasta tú que, distante o solo, tan sólo miras?

¿No marcharemos… solos… juntos…
una y otro y otra y otro y más y todos?
¡Solos!, sin más bandera que la Libertad.
¡Juntos!, sin más fin que la Igualdad.
¡Todos!, sin más arma que la Fraternidad.

¿No oís lo mismo que yo?
¿No veis lo mismo que yo?
¿Tan loco y solo estoy?

¿Capaces seremos de no enfermar de rabia?,
¿de no rompernos la voz, el alma, de no gritar: ¡Basta!?

JGCampal